Ha muerto Braulio, el cartero, a los 97 años de edad.
Para los que ya no peinamos otra cosa que canas y calvicie, ver la televisión juntos, era otro hecho de unión familiar como las comidas o las sobremesas, o las charlas con bostezos previas a quedarse profundamente dormidos en el sofá, o en el suelo. Porque yo era un bicho de suelo para jugar, leer, estudiar o mirar los programas de televisión y caminaba descalzo durante todo el año para sofoco y preocupación de mi madre (EPD).
Curro Jiménez, la frontera azul, Cannon, Ironside o CRÓNICAS DE UN PUEBLO, eran motivo de distración, diversión y "debate" familiar.
En CRÓNICAS de un pueblo, estaban perfectamente definidos los papeles de cada uno en la sociedad y su importancia, no por el rango que detentaba, si no por la RESPONSABILIDAD que suponía desarrollar sus OBLIGACIONES, término que hoy se desconoce porque solo se habla de DERECHOS, que también se desconocen y además nos inventamos unos nuevos e inexistentes.
El cartero de un pueblo no era el cabo de la Guardia Civil o el farmaceútico, el practicante o el médico... pero estaba ahí rozando el larguero. El cartero de un pueblo, aunque cerrara la oficina a las dos de la tarde, siempre te llevaba a casa una carta tardía, un certificado que no quería hacer esperar o un telegrama, que en aquellos tiempos acostrumbraba a ser mensajero de malas noticias, no siempre.
Para los ministros de la época, la peor noticia era ver llegar a un motorista de la guardia mora fuera de horas lectivas con una carta emitida en El Pardo.
Recuerdo perfectamente la imagen de Braulio, el cartero, mirándose en un espejo y arrancando de su brillante cabeza calva un solo pelo rebelde que se resistía a abandonar a su dueño, era un pelo guerrero e hispánico heredero de los últimos de Filipinas. Ese tirón del cabello rebotón y la correspondiente onomatopeya en forma de un "¡AY!", seco, solitario, sonoro, contundente y doloroso, aún hoy rebota en mi cerebro junto a la tremenda carcajada que emitió mi padre, acompañada de varias lágrimas, porque el hartón de reír fue histórico.
Y porque en esos entonces, éramos una sociedad feliz, dispar y diferenciada, pero feliz y para nada cretinoide como en la actualidad.
Se nos ha ido a los 97 años de edad don Jesús Guzmán, alias BRAULIO, EL CARTERO de Crónicas de un Pueblo... ACTORES que sabían hacer su trabajo, que no vivían de la subvención, vivían de su profesión, vivían de su trabajo, vivían del público al que sabían hacer vivir.
El Señor te acoja en su Gloria y la Virgen te proteja con Su manto, querido Braulio, alias DON JESÚS GUZMÁN.
INTÉRPRETES:
Fernando Cebrián, D. Pedro, el alcalde.
Antonio Mercero, D. Feliciano, el cura. (cap. 2)
Francisco Vidal, D. Marcelino, el cura (desde el cap. 3)
María Nevado, Marta, la boticaria y concejal, después esposa del alcalde.
Juan Amigo, Tomas, Cabo de la Guardia Civil.
José Villasante, Gonzalo.
Jesús Guzmán, Braulio, el cartero.
Antonio P. Costafreda, Goyo, el alguacil.
Jacinto Martín, Joaquín, el dueño del bar.
Rafael Hernández, Dionisio, el conductor del autobús.
Tito García, Benito, comerciante en vinos, cuñado de Joaquín, y tras la muerte de este dueño del bar.
Xan das Bolas, Camilo, pastor y barrendero.
Paco Marsó, D. Francisco, Médico. (cap. 4, 9, 10 y 12)
Arturo López, D. Cipriano, Médico. (cap. 6 y 19)
Francisco Javier Martín “Blaki”, en los primeros capítulos secretario del Ayuntamiento.
y los niños: Emilio Garcia, Juanito, hijo de Dionisio. Pablo Miyar, Manolo
Jose M. Aguado, Angelito Y Esther Dobarro, Maria.






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