Esa fue la frase lapidaria que en un relevo como suboficial de semana le dijo el cabo armero al sargento que yo tenía que relevar, aún estábamos en los previos y los que conocéis como funcionaba esto... "pues eso" que diría Lina Morgan en "Vaya par de gemelas".
A unos se les apretó el bajo vientre hasta notar protuberancias en el cuello, otros tuvieron que apretar el bajo vientre para no descargar de manera inadecuada y a otros se les cayó una por cada pernera del patalón, sin llegar al suelo porque ambas perneras iban introducidas por dentro de las botas Segarra.
A medio hacer el relevo como suboficial de semana, nos vimos todos en el despacho del Comandante S2 y todo el mundo mosqueado. He de decir que noté un cierto relajamiento en la tripa, ya que me ordenaron ir a hacer cargo de la tropa en mi escuadrón y se quedaron con mi sargento aún no relevado, el cabo armero y los otros dos soldados de la armería, que por supuesto perdieron su salida de fin de semana.
Se organizó un refuerzo de la guardia y las inspecciones fueron tremendamente exahustivas, para colmo habían vuelto de maniobras varias unidades y algunos se llevaban de recuerdo cartuchos de 12mm, de 7,62 y de 9 parabellum como recuerdo. Ni que decir tiene que fueron arrestados y se les castigó sin permiso de fin de semana durante bastante tiempo.
Ese fin de semana se organizaron partidas de búsqueda y se removió Roma con Santiago, nunca mejor dicho por lo del santo patrón, porque hasta la capilla se revisó.
Además del servicio de semana, el comingo me tocó suboficial de guardia. Durante el regreso de los soldados al Regimiento, todos los petates y bolsas se vaciaban y registraban a fondo. Ya de madrugada, sube a pie un grupo de chavales de los últimos reemplazos y uno de ellos, un galleguiño de una aldea perdida, llevaba en el petate el CETME perdido, debidamente desmontado y con un cargador vacío... para completar el equipo.
Una vez comprobado el número de serie, el chaval queda arrestado y vigilado por dos soldados de la guardia y nos presentamos ante el oficial de guardia, quien manda despertar al capitán de cuartel.
El capitán de cuartel solo dijo "Que se vista de faena y al calabozo", pero tenía cara de querer soltarle un sopapo.
Ahí quedó la cosa, ese día prometía ser largo. El galleguiño no paraba de llorar y tras oirle en "confesión" el capitán en funciones de juez informó al coronel, que ordenó esperar unos días antes de tomar decisiones más serias.
Ese jueves llegó una carta dirigida al galleguiño, una carta de sus padres con diez o doce fotos de él, de su padre y de su madre allá en su aldea perdida y con el CETME en la mano. La mamá había limpiado el arma tan bien que la madera brillaba como nueva.
Os recuerdo que eso eran los años de plomo en Madrid y en las unidades había mucho simpatizante/terrorista etarra que pasaban información.
Hoy ya puedo decirlo, en esos tiempos, y ante mi pinta de "perdido y escaqueado" hacía la labor que me habían asignado, mi oficial tutor (un Tcol.) me decía que nosotros éramos como Jesucristo, salvando las distancias, teníamos una vida pública y una vida privada.
Hora de ir a dormir, mañana me toca ANALÍS que diría Carlos Herrera.
Para ilustrar la historia os dejo una de las muchas caricaturas que tengo, JosePi ....món pinta más cosas militares y hazte con el mercado que eres un artistazo.
PD.: Hay un detalle de afecto para uno que antes me quería mucho y ahora no le caigo tan simpático 😂😉😘

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