Por más vueltas que le he dado, no acierto a recordar el motivo, pero me tocó a mi. Tengo un especial imán para que me envíen a cualquier conflicto, de hecho es lo que hago laboralmente, me envían de un sitio a otro para calmar, pacificar y solucionar cosas. Hay momentos que me siento un apostol, pringao, o un pringao si apostolado.
Lo cierto es que estaba durmiento y el suboficial de guardia me despierta, debía ser en la mejor fase del sueño yo calculo que sobre la una o dos de la madrugada.
- ¡Preséntate urgente al oficial de guardia!
- ¡Voy p'allá! - respondí con una sarte de maldiciones que me ahorro para que no me cierren la cuenta.
Llego al cuerpo de guardia, me presento y allí estaban el teniente Ochando y mi querido don Germán Corisco, en funciones de capitán de día, con más ojeras que yo.
- Ahí fuera te espera un conductor y os vais a ir a la UER (unidad de equitación y remonta), de allí os traéis a un veterinario, lo dejáis en las cuadras y cuando haya acabado con el caballo, lo volvéis a dejar en la UER ¿Está claro?
- A la orden, mi capitán.

Continúo, que me estoy enrollado.
La UER estaba en la avenida de Extremadura, desconozco si continúa ahí y ni me molesto en mirarlo, si sé que hay un tipo destinado que en cuarenta años solo ha ascendido al grado inmediatamente superior... me caía bastante mal y me sigue cayendo mal.
Cerca de la UER había un bar restaurante, por llamarlo de alguna manera, que se llamaba LOS TRIPONES con el dibujo de un soldado barrigón vestido de uniforme y adornando un gran tramo de pared blanca. En esa época no era raro encontrar este tipo de bares o en la zona de Campamento, donde por poco dinero te ponías hasta las botas. Había un chiringuito en Campamento que se llamaba "Bar Los Cubatas", aunque hacía de todo, pero los combinados eran en extremo baratos, yo creo que la ginera era realemente AGUA DEL CARMEN rebajada con ácido sulfúrico o similar.
Retomo el tema, que "sus" despistáis.
En la UER nos esperaba el veterinario, que era un y en esa época los que no eran de armas lucían las divisias de color blanco sobre el uniforme de diario. Lo invité a subier al asiento delantero del Land Rover 109 largo y denegó la invitación con un gesto de agradecimiento y cortesía, se veía que aquel teniente era de familia buena y con estudios, como yo. Aunque de mi familia, hay mucho que hablar.
Por supuesto íbamos armados. Pistola al cinto el conductor y yo y subfusil Z70 con dos cargadores debidamente munionados, eran los años de plomo en Madrid y lo raro era el día que no atentaban los muy HDLGP amigos y compañero de Otegui y Pedrito.
Llegamos al cuartel, me apeé en el cuerpo de guardia para informar y bajamos a las cuadras. Podría haber regresado a la tranquilidad de mi cama y decirle al chofer que me despertaran al acabar lo que tuviera que acabar.
Yo pensaba que uno de los caballos se iba a morir, nada más lejos de ello. Yo conocía a los caballos porque todos ellos figuraban en la lista de revista que mensualmente se confeccionaba, además de GABO y otros que no recuerdo, también figuraban los perros, entre ellos LA MOÑA que tranquilamente podría haber cobrado trienios, quinquenios y planes de desarrollo.
Pero... me pudo la curiosidad y me fui a cuadras con el teniente veterinario y el conductor.
Las cuadras era un mundo aparte, los chavales que allí estaban destinados eran muy buena gente, pero parecían estar en otra dimensión, o en otra galaxio o podrían haber pertenecido a una secta rara, a los ILLUMINATI o a los APAGATTI, pero cierto es que estaban a pleno servicio para los caballos y se preocupaban mucho por el bienestar de todos los animales.
Cuando llegamos nos sirvieron café y entre cigarro y cigarro, esperábamos con paciencia a las obras del teniente veterinario.
Mis abuelos habían tenido mulasc caballos, vacas, gallinas y de todo, pero nunca había asistido a semejante acto que me dejó impresionado.
El caballo llevaba algunos días sin evacuar y eso era muy preocupante. El veterinario diluyo algo en un cubo de agua y se lo dieron a beber, para seguidamente calzarse un enorme guante hasta el hombro y acabar introduciendo su largo brazo por el ano del animal ¡Por el orto! que dicen mis amigos argentinos.
Los desconocedores de estas cuestiones qpretamos los gluteos con fuerza y abrimos los ojos con interés, mientras el veterinario maniobraba y al cabo de unos segundos nos dijo:
- ¡Háganse a un lado, por favor!
Él se situó en un flanco del caballo y extrajo el brazo en un movimiento rápido pero en absoluto violento. Y del caballo salió... un volumen de ... como yo no vi en mi vida.
Al finalizar, el caballo hizo un par de gestos como diciendo ¡ESTAMOS TAN AGUSTITOOOOOOOOOO! Y brincó muy levemente porque tenía sus patas trabadas. Los chavales de cuadras dejaron todo limpio y desinfectado en cuestión de minutos, tomamos un café, fumamos unos cigarros y antes de irnos, los chavales de cuadras fueron a buscar las gorras y nos saludaron militarmente, saludo al cual correspondimos todos y el teniente les agradeció el gesto.
Eran casi las ocho de la mañana cuando llegamos a la UER y el teniente nos invitó a desayunar con él, cosa que declinamos porque nuestro sensible estómago estaba removido tras haber asistido a los que asistimos.
Me acostumbré a bajar a la zona de cuadras de vez en cuando para jugar a las cartas con los chavales que prestaban servicio allí. De hecho jugábamos al mus, que es el único juego de cartas que se me daba bien, de la brisca ni me acuerdo.
Mi abuelo, en su corralón, tenía un estercolero. Un tractor venía cada diez o doce días a llevarse los "excedentes" y cuando le expliqué lo ocurrido le pareció de lo más normal.
El conductor cordobés y yo llegamos al cuartel, informamos de ello y nos a dormir contando con todas las dispensas del momento y aunque estábamos limpios, nuestras pituitarias aún memorizaban los olores de lo vivido en cuadras, zotal incluido.

.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario